Festivalitis aguda
pripublikarrak - 26-09-2006 12:25:15 | Categoria: bestelakoak/otros
En este mundo cultural tan arreciado por la festivalitis, parece que las intervenciones culturales deben vestirse de festival para tomarlas en serio. Hay festivales culturales de lo más variados. Levanta usted una piedra de su ciudad y ahí tiene un festival nuevecito. Para todos los gustos. Porque a ver qué ciudad que se precie no va a tener un festival de cine, uno de jazz, uno de teatro, otro de marionetas, otro de cine gay y lésbico, etc. Y casi todos, se promocionan en su ciudad, como los mejores de Europa. (Cuantas Europas debe haber...) Así, por estas fechas, mientras en Donosti sacan la alfombra roja para estrellas y estrellados en el Zinemaldia, en Barcelona comienza la segunda edición del que dicen es el único festival de cine político del mundo, Cinema Politic. Y en Barcelona también este fin de semana pasado por las fiestas de La Mercé organizaron el BAM (Barcelona Acció Musical) y mientras, en Madrid la calle Fuencarral se convertía en Pura Vida. Y HAY en Segovia. Para celebrar el 75 aniversario del sufragio universal, el Festival Clara Campoamor.¡Y todos los que están por venir! Uno tras otro. En Madrid, Barcelona, Bilbao, Gijón, Segovia, Avilés, Sitges, Alcalá de Henares, Cadiz...Hasta las navidades podremos saltar de uno a otro. El juego de la oca y tiro porque me toca. Festivales, festivales, festivales...
El festival es interesante sobre todo cuando surge de iniciativas personales que apuestan por su propia oferta y que están conectados con la ciudad en la que se ubica, consiguiendo así responder también a una demanda. El problema es cuando la cultura no se convierte en un objetivo en sí mismo sino que es el medio para un objetivo económico. Entonces sólo se buscará lo que más venda. Se imitarán ofertas de éxito, extrapolándolas sin mayor miramiento. Se buscará lo espectacular, lo que venda ciudad. Y es que una ciudad gris y sucia ya no quiera tenerla nadie. Hay que lavarle la cara, pintarle unos bonitos coloretes y lograr que afine la voz para que saque unos deliciosos gorgoritos. Y a veces, los responsables políticos y sus técnicos rascan y buscan en su propia ciudad para ver qué se hace y que se puede mejorar, pero muchas otras veces sin ni siquiera saber lo que se tiene en casa, se llama al festivalero de turno y se le encarga uno. “Oiga, póngame un festivalito como el que tienen en su ciudad. Uno bonito que salga mucho en los medios de comunicación y que me traiga a mucha gente. Uno que brille mucho.”
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